www.cato.uphero.com

www.cato.uphero.com
noticias informacion diario informacion diaria entrevistas problematica cnn


Mas recientes

  • misa de monsenor bergoglio contra el trabajo
  • tarot amigo y los rituales
  • indice de autores de articulos
  • las santas escrituras
  • fm san javier 901 1 07 09
  • 100 aeronauta a morir
  • como ayudar a tu hijo a calmar sus pataletas
  • edu manazas whiskey tren beethoven hot sesions vol ii
  • cac porter novelli
  • receta anorexia
  • 5 motivos por los que tu cambias de pareja constantemente y el
  • te falta alegria o animo inteligencia emocional desarrollo
  • pertusis tos convulsa
  • sistemas de ayuda a la conduccion
  • regalo segunda mano
  • caseros quien debe pagar los danos propios producidos por
  • no puedo abrir outlook se
  • grupo ambiental sikuhani
  • por que ladran los perros conoce las causas mas comunes por
  • analisis de aceite
  • petroleo el fin del aceite del imperio
  • almeria provincia espana turismo y viajes por almeria y
  • cuanto tiempo demora la naturaleza en
  • rim lanza actualizacion playbook os 20 finalmente tiene
  • ostional wildlife reserve costa rica
  • donde dije digo el autentico programa de upyd yo soy el
  • cuanto vale la represion en aysen
  • participacion politica desde los ciudadanos
  • el naugrafo digital dos motivos para el sonrojo nacional
  • the big bang theory 3 temporadas hdtv 300 mb castellano
  • cubierta ultimos avances
  • eses viejo debate
  • el gato encerrado en
  • zp el espantajo manda espana al carajo homenajes
  • los santos incorruptos parte 2
  • analizando el despido
  • satellite news archive
  • tecnicas para girar al bebe que viene de nalgas
  • preguntas mas frecuentes
  • programas gratuitos para acelerar la conexion a internet
  • nuevo celular lg kp265
  • mujeres borrachas cojiendo
  • perfil de wisin yandel
  • la prostitucion disminuye en la capital aragonesa segun detecta
  • algo mas que rock and roll
  • prodexpo viajes
  • el gobierno vendera carne a mitad de precio en el conurbano
  • ceremonia y rubrica de la iglesia espanola
  • ruta de los miradores puerto de san esteban
  • el perfecto wagneriano by george bernard shaw eduardo valls



  • 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14

    beruby.com - Empieza el día ahorrando

    Publicidad 

         
    Ultimos Posts



    Descripcion:
    que: Cada cual vive por s solo, lo que es igual, que la vida es soledad, radical soledad. Y aduce como prueba el hecho de que el pensamiento que pienso, lo pienso yo solo o yo en mi soledad, y otro tanto sucede con lo que decido, lo que quiero o lo que siento. Ahora bien, esto me parece enteramente discutible. Sin salirnos de sus propias coordenadas: no es lo mismo pensar solo que pensar en soledad. Sin duda, es perfectamente posible lo segundo, pero no lo primero: se puede, desde luego, pensar en soledad (el mi nicamente le aade un tono melodramtico), pero no se puede pensar solo. El pensamiento que ahora pienso se configura a partir de lo que otros han pensado antes (no necesariamente ahora, pero s antes: acaso se pueda pensar sin dialogar con los vivos, pero no sin hacerlo con los muertos). Y el pensamiento que ahora pienso cristaliza y toma forma a partir de un lenguaje que yo no he inventado; un lenguaje (las palabras nunca son inocentes) que encierra una forma de ver, de interpretar y hasta de sentir el mundo y la vida. Y lo mismo vale para todo lo dems: lo que yo quiero o lo que yo decido no nacen del ejercicio de mi voluntad librrima, sino de la necesidad ineludible de verme obligado a optar entre un conjunto de alternativas que yo no he establecido, sino que me han sido dadas (por qu no decir incluso impuestas?) por quienes me han precedido. Y dgase otro tanto de mis sentimientos: naturalmente que los siento yo, pero los siento de la forma que me han enseado a sentirlos, de la forma (otra vez) que mi lengua me permite sentirlos. O acaso cree Ortega que, si en lugar de un madrileo nacido en 1883, hubiese sido un zul del siglo XVII o un noble de la poca de Felipe II sus pensamientos hubiesen sido los mismos? Incluidas las doctrinas del perspectivismo y del raciovitalismo? En cualquiera de esos dos casos, es claro que sus pensamientos, sus decisiones y sus sentimientos hubiesen sido suyos, pero hubiesen sido nicamente aquellos que hubiesen podido ser en las circunstancias dadas. La verdad es que todos venimos de mucho ms lejos de lo que imaginamos. Frente a las afirmaciones de Ortega, como frente a las pretensiones de Descartes de redescubrir el mundo l solo (o a solas con una estufa), no est de ms recordar las palabras de Hegel: Todo individuo es hijo de su pueblo, en un estadio determinado del desarrollo de ese pueblo. Nadie puede saltar por encima del espritu de su pueblo, como no puede saltar por encima de la tierra. La tierra es el centro de gravedad. Cuando nos imaginamos un cuerpo abandonando ste su centro, nos lo representamos flotando en el aire. Igual sucede con los individuos. Pero el individuo es conforme a su sustancia por s mismo. Ha de tener en s la conciencia y ha de expresar la voluntad de este pueblo. El individuo no inventa su contenido, sino que se limita a realizar en s el contenido sustancial.

    Hablemos, pues, de la soledad, pero no de esas soledades radicales o esenciales, metafsicas, a las que, no muy alejado de Ortega en este aspecto, tambin nos ha acostumbrado el existencialismo. Yo cuando era joven, all en mi adolescencia y en mi primera juventud (pongamos hasta los 21 22 aos), era existencialista; y era existencialista porque era lo que haba que ser (bueno, tambin haba maostas y trotskistas, algunos de los cuales son ahora directores de banco, registradores de la propiedad y notarios); era existencialista porque quedaba bien, y porque te daba un aire de desamparo y de genio al borde del suicidio que a veces (slo a veces) despertaba el instinto maternal y protector de las muchachas (ya universitario en Salamanca, tambin me invent oscuros e inconfesables traumas, insondables vacos vitales y severas depresiones, con el objeto de que aplicadas estudiantes de Psicologa se interesasen en introducirse en las profundidades (riqusimas, sin duda) de m alma mediante el test de Rorschach. Con el tiempo, empero, me ha sido suficiente con un poco de Epicuro y otro poco de Marco Aurelio y de Montaigne para soportar razonablemente bien la existencia. Pero volvamos a la soledad.

    Y creo que debemos comenzar por insistir en una aclaracin (insinuada ya en las objeciones que antes haca a Ortega), porque me parece que no siempre se la tiene presente todo lo que sera menester para evitar engorrosas confusiones y no pocos malentendidos (como sucede, seguramente, con el filsofo madrileo). Me refiero a que de ningn modo es lo mismo estar solo que estar a solas. Uno puede estar (o mejor, sentirse) solo entre una multitud (y acaso ah ms que en cualquier otra parte), y, en cambio, no estar (ni sentirse) solo estando a solas. Por ejemplo, nadie (creo yo) con una buena biblioteca est realmente solo; y hasta dudo que pueda sentirse verdaderamente solo. Y es que tampoco es lo mismo, quiero decir que no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Considero que no es peregrina esta nueva distincin, aunque no sea ms que porque (digmoslo de una vez) si bien es perfectamente factible sentirse solo, resulta, en cambio, del todo imposible estar solo (estar solo, claro es, en trminos absolutos, no meramente estar a solas). Tratar de concebir un hombre solo, es un absurdo, un puro sinsentido; primero, porque no habra sobrevivido, y segundo, porque, de haberlo hecho, no sera propiamente un hombre. El que yo me encuentre aqu, en este preciso instante, divagando sobre la soledad, es prueba ms que suficiente de que ni estuve ni estoy solo. No lo estuve, porque, de haberlo estado, no habra conseguido sobrevivir: alguien me cuid y me protegi, y tambin me transmiti una lengua (gracias a la cual puedo hoy pensar sobre la soledad). Pero tampoco lo estoy: me encuentro rodeado y sirvindome de cosas que yo no he hecho ni sabra hacer (este ordenador, por ejemplo, en el que escribo: misterio insondable para m donde los haya!). Cmo puede decir que est solo quien dentro de un rato saldr de casa para comprar el peridico y el pan o para sentarse a comer en un restaurante? Mas no se trata nicamente que utilice objetos o me beneficie de servicios que revelan la presencia de los otros: es que en este preciso instante en que pienso y escribo a solas, no estoy solo, al contrario, me acompaan cientos de individuos que aguardan pacientemente en los estantes de mi biblioteca, dispuestos a hablar en el mismo momento en que yo se lo pida; y aun aadira que si ellos no hubieran hablado antes y yo no los hiciera hablar ahora, no me sera posible pensar ni tampoco escribir. Es imposible estar ni concebirse solo. Ni siquiera Robinsn lo estaba realmente: si pudo sobrevivir fue por lo que saba hacer (por lo que le haban enseado a hacer) y sirvindose de los restos del naufragio; y acaso principalmente pudo sobre vivir porque conoca de la existencia de los otros y esperaba volver algn da con ellos.

    Yo creo que todo esto se aclarara muy bien si no se nos tomase por pedante extravagancia el echar mano aqu de esa profundsima distincin que nuestros verbos ser y estar (un lujo de la lengua espaola) nos permiten establecer: el carcter definitivo, permanente e irremediable del ser, frente a lo circunstancial, pasajero y fortuito o azaroso del estar. No es lo mismo, en efecto, ser de Mieres que estar en Mieres. Lo segundo es una mera coincidencia, una circunstancia ocasional, y, sobre todo, algo efmero, ya que, como es obvio, se puede dejar de estar all diez minutos ms tarde; lo primero, en cambio, es un hecho irrevocable y eternamente cerrado y concluso; tan irrevocable como que aun en el supuesto de que a partir de un determinado da nunca ms vuelva a estar en Mieres, jams, en cambio, podr dejar de ser de all. Pues bien, creo que, paralelamente, cabe decir que se puede, sin duda, estar solo, pero resulta, por el contrario, completamente imposible ser solo (ni en el vivir cotidiano ni el pensar, diga lo que diga Ortega). Y se puede estar solo, bien sea por meramente estar a solas (sin por ello sentirse solo), o bien porque uno carece, objetivamente, de la existencia de personas queridas, y entonces tiene entera razn al sentirse solo. Mas tambin puede sentirse solo alguien que no estndolo realmente, es decir, que contando con la presencia de esas personas que le aman, por las razones que fueren es incapaz de advertirlo y de apreciarlo, en cuyo caso, automticamente se convierte l mismo en un ser despreciable e indigno de amor (salvo que su ignorancia tengo por causa la enfermedad).

    Que la soledad, as entendida (como ser solo), es, sencillamente, una imposibilidad, lo encontramos perfectamente fundamentado ya en el Lib. I de la Poltica de Aristteles, donde, inmediatamente despus de su famosa definicin del hombre como politikn zion (animal poltico o social), se nos dice que el insocial por naturaleza y no por azar es o un ser inferior o un ser superior al hombre, vale decir, un animal o un dios. Yo nada s de la sociabilidad o la soledad de los dioses, pero respecto a los animales (o la mayor parte de los animales y, por supuesto, aquellas especies filogenticamente ms prximas a la nuestra) hay que decir que son tan sociales como nosotros mismos, y que para ellos la soledad, en los trminos absolutos en los que ahora nos referimos a ella, resulta tan impensable como para nosotros.

    Pero de sobra s que cuando la gente habla de la soledad se refiere, por lo general, a otra cosa distinta; se refiere a que alguien sta solo cuando carece de parientes o amigos, y, con ellos, del amor y del cario mnimos que cada cual necesita para que su existencia le resulte medianamente tolerable y razonablemente feliz. La consecuencia de ello es el sentirse solo, bien porque objetivamente lo est (en el sentido en que ahora hablamos) o bien porque, aunque no lo est en realidad, as es como se siente. Ciertamente, tal situacin parece que ha de resultar extremadamente dolorosa, y una vez ms se hara obligado mostrarse de acuerdo con Aristteles cuando, en la tica a Nicmaco, afirma que es absurdo hacer del hombre dichoso un solitario. Yo imagino que cuando alguien se halla en un estado tal (similar, tal vez, a aquello en lo que pensaba Aristteles cuando habla de insocial por azar), no le queda otro remedio que hacer de la necesidad virtud y seguir a Montaigne, quien nos aconseja que: Si resolvemos vivir solos y sin compaa (o no vemos obligados a ello, matizara yo), hagamos que nuestro contento dependa de nosotros mismos, desatemos los lazos que nos unen a los dems y adquiramos el poder de vivir conscientemente solos y a nuestra manera, porque la persona de entendimiento no ha perdido nada mientras no se pierda a s mismo. O tambin puede frecuentar Las meditaciones del paseante solitario, de Rousseau (quien yo no s si estaba tan solo como crea, pero que, de todas formas, como buen paranoico, no poda por menos de sentirse as), y escucharle cuando dice que: no me pertenezco a m mismo ms que cuando estoy solo, fuera de eso soy el juguete de cuantos me rodean, as que. no atndome ms a nada, slo me apoyo en m. Digamos de pasada que, contrariamente a lo que opina Montaigne, Espinosa sostendr que el hombre que, en soledad, slo se obedece a s mismo, es menos libre que aqul que, en el Estado, vive segn el comn decreto.

    Despus de Aristteles, Epicuro no dudar en afirmar, por el contrario, que el verdadero sabio, una de cuyas notas distintivas es la autosuficiencia, bastndose a s mismo, no necesita amigos. Y yo quisiera, en esta ocasin, buscar un camino intermedio entre Aristteles y Epicuro, entre Montaigne y Espinosa, ya que, si bien es cierto que dolorosa tiene que ser la existencia de aqul que no conoce el cario o el amor, o que, conocindolos, los ha perdido irremediablemente y para siempre (y an ms dolorosa la de ste que la del otro), pobre de aqul que no sabe estar solo y hacer que su contento dependa de s mismo!

    Hay una afirmacin con la que yo me he encontrado tres veces en tres autores distintos. Uno es Baudelaire, y los otros dos Pascal y La Bruyre. Algn erudito (yo no tengo vocacin de tal, ni lo quiera Dios!) podra dar a luz un hermoso artculo investigando si se les ha ocurrido por separado (cosa poco probable) o, de no ser as, cul de ellos fue el primero en formularla (o si acaso hay otro antes). Evidentemente, Baudelaire quedara descartado, pero Pascal y La Bruyre tiempo tuvieron, mientras vivan, de leerse el uno al otro. Ahora bien si los Penses de Pascal aparecieron pstumos (eran piezas de una obra que nunca escribi), entonces difcilmente pudo leerlos La Bruyre, de donde resultara que la idea original sera suya (y a m, permtaseme la frivolidad, me alegrara que as fuese, porque el intenso amor que siento por l supera con creces la tibia amistad que me une a Pascal). Quedmonos, pues, con la formulacin del autor de Les Caractres: Todo nuestro mal afirma viene de no poder estar solos. Mucha gente, en efecto, no sabe, no ya estar sola, sino ni siquiera estar a solas. Completamente volcados al exterior, mendigan compaa como un perro caricias. No hablo nicamente de histrinicos o narcisistas, en busca permanente de un pblico al que impresionar, sino tambin de pobres infelices que no saben vivir sino con los dems (no para los dems, sino con ellos), porque a solas se sienten perdidos, porque ni siquiera saben qu hacer con su soledad, y no respiran ni hallan paz hasta que una mano en su espalda (la del amigo, s, ms tambin la del adulador o la del gorrn, hasta la del mentecato) les tranquiliza y les asegura que el mundo est bien. Muchos de ellos pertenecen, al mismo tiempo, al grupo de aquellos que aseguran no tener tiempo para nada. A tales individuos les horrorizara or decir a Montaigne que: Siempre conviene tener una estancia, secreta y propia, en la que establezcamos nuestra verdadera libertad y nuestra principal soledad y retiro.

    Yo de m s decir que todas las cosas que me resultan verdaderamente divertidas y placenteras puedo hacerlas solo. Y hasta me sentira capaz de aadir que no puedo hacerlas ms que solo... (bueno..., hay una excepcin; tal vez dos). Suele decirse que pasados los cuarenta, un hombre es responsable de su cara. Yo aadira que tambin de su felicidad o de su desdicha, y por eso (y dejando a un lado las servidumbres impuestas por un trabajo que le da de comer y las obligaciones ticas y morales que le ligan a los otros) tiene, no ya el derecho, sino la obligacin de vivir para s y para su contento como le d la gana (otra gran expresin del espaol sta de dar o no dar la gana, tan apreciada, por cierto, por Schopenhauer, quien beba del espaol, en tanto que Eugenio D'Ors les inventaba a los alemanes palabras alemanas; y es que, al parecer, para dar forma a su pensamiento le quedaba pequea la lengua de Cervantes..., y por lo que se ve tambin la de Goethe, aunque lo que s est claro es que no poda pensar ms que en sta).

    Ahora bien, yo en esto de la felicidad no prejuzgo nada. Se trata de una cuestin tan relativa, tan subjetiva y psicolgicamente relativa, que entiendo perfectamente que a su consecucin concurran proyectos de vida muy distintos, todos ellos lcitos por igual (cuando lo son, naturalmente). Pero si alguien no es capaz de vivir ms que en la plaza pblica, sepa que no ser yo quien le dispute la tribuna de oradores o un asiento al sol: ocuparse de uno mismo es suficiente quehacer. En Walden, de Thoreau, he tropezado con el siguiente prrafo que creo bien podra suscribir yo casi al pie de la letra: Me parece saludable estar solo la mayor parte del tiempo escribe Thoreau. Estar en compaa, aun en la mejor compaa aade, pronto resulta aburrido y una prdida de tiempo. Me encanta estar solo. Nunca he encontrado una compaa que acompae tanto como la soledad. La mayor parte de las veces estamos ms solos cuando salimos a buscar la compaa de otra gente que cuando nos quedamos en nuestra habitacin.

    Pero si optamos por la soledad; una soledad, desde luego, relativa; una soledad tambin, a veces, ocasionalmente, compartida; si optamos por la soledad digo, hagmoslo en la medida en que contribuya a nuestro gozo presente, y lo acreciente. No seamos tan ingenuos (ni tan memos) como para repetir con Sneca que nuestro retiro obedece a que yo trabajo en inters de la posteridad. Primero, porque no somos Sneca, y segundo, porque tal pretensin (incluso en el mismo Sneca) no es slo absolutamente vana, sino tambin perfectamente ridcula. Marco Aurelio, que lo saba y lo haba comprendido con toda claridad, saba, asimismo, que no hay ms que una buena razn para estar solos: el cuidado de nosotros mismos. Apresrate, pues, al fin aconseja, y renuncia a las vanas esperanzas y acude en tu propia ayuda, si es que algo de ti mismo te importa, mientras te queda esa posibilidad.






    www.cato.uphero.com Todos los derechos reservados